SOBRE SABIOS, MAESTROS Y SABIONDOS

Un hombre fue a visitar a su médico.
“-Mi problema es -le dijo- que me duermo durante los largos discursos que me da mi guía espiritual.
“El doctor le dio un frasco de píldoras
“-Una, tres veces al día-dijo.
“-Gracias, doctor. ¿Debo tomarlas con agua?
“No, no debe tomarlas; las debe poner en la comida de su guía, imbécil.”

(Cuento citado por Idries Shah, en el libro “Un escorpión perfumado”, Ed. Kairós).

Quizás la palabra “imbécil” es un tanto fuerte en este contexto, pero puede ayudarnos a recordar lo débiles que solemos sentirnos algunas veces frente a otros que necesitan de nuestra inseguridad para engrandecerse y lucrar con nuestro natural desconocimiento de la vida y con nuestra consecuente necesidad de aprendizaje.
¿Cuántos maestros tuvimos en total?
Cientos de ellos, algunos no elegidos por nosotros mismos,  tales como los maestros de escuela o  los tíos sabiondos que nos sentaban “a conversar” con ellos  para explicarnos la vida; ni hablar de los padres autoritarios e intransigentes que confunden su poder con la sabiduría absoluta.
Otros maestros fueron apareciendo en nosotros por elección personal, a medida que íbamos aprendiendo distintos tipos de cosas: los conferencistas cultos que aumentan de tamaño cuando se plantan en un escenario o en una mesa de panel y que nunca dudan en resaltar omnipotentemente todas sus afirmaciones; o tal vez amigos “doctorados” (“honoris causa”, por supuesto); y ni hablar de los autodenominados “maestros espirituales”, tan de moda en nuestros días . La lista de maestros dispuestos a enseñarnos es interminable, podría ser tan larga como todas las interacciones que hemos tenido y aún tenemos con las demás personas ya que todo vínculo contiene en sí el peligro de la dominación del “supuesto ignorante” por parte del “supuesto sabio”, cada vínculo depende de la posición que tomemos en él.
Después de mucho padecer a causa de mi “donar” toda mi sabiduría a los demás, he logrado sonreír toda vez que recuerdo mi propia ingenuidad y sometimiento al escuchar a algunos de esos sabelotodo. Tantas veces me distraje durante una conferencia para luego suponer que era yo quien me evadía a causa de mi propia incapacidad para comprender el discurso en  cuestión. Cuántas cosas no me atreví a preguntar en alguna clase, o me sentí pequeñita frente al despliegue de palabras y supuesta sabiduría absoluta de algún docente basada en su facilidad de palabra o su carisma personal.
¿Será muy ingenuo de mi parte soñar con el día en el que todos aprendamos de todos, sin que intentemos dominarnos por medio del conocimiento y sin auto maltratarnos cuando no sabemos algo? Algunos ya lo están comprendiendo, sigamos activamente y de cerca el proceso, es necesario también este cambio en nuestra sociedad.

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2 Respuestas a SOBRE SABIOS, MAESTROS Y SABIONDOS

  1. Lucia Carignano dijo:

    Es muy cierto que hemos tenido a lo largo de nuestra historia ,maestros o personas que siempre han querido destacarse o sobresalir por su seudointelectualidad,queriendo mostrar muchas veces una superioridad falsa y dejando al descubierto una gran carencia de afectividad hacia el prójimo.

    • Si Lucía, creo que están siendo ya los tiempos de comprender que nadie es superior a nadie, que lo intelectual puro, en sí mismo, separado de la compasión y del amor solo es un esquema de interpretación de la realidad que no tiene validez y que, muy por el contrario, puede ser peligroso porque nos deja creyendo que sabemos, cuando en realidad no sabemos muchas cosas. Lo intelectual es ilusorio. Sigamos adelante con estas ideas, hace falta. Un abrazo y gracias por tu comentario.

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