¿Cuánto hay que sufrir?

En Occidente valoramos inmensamente los procesos educativos, pero a pesar de ello, no enseñamos ni aprendemos ciertas verdades fundamentales que, comprendidas a tiempo, podrían facilitarnos vivir más plenamente. Ejemplo de ello, es la posición que adoptamos con respecto al sufrimiento, aspecto de la realidad que consideramos un mal que nos azota desde el exterior de nosotros mismos y que tenemos que combatir para así eliminarlo completamente. ¿Cuál es el resultado de esta postura? Jamás logramos vencerlo completamente y además, nos sentimos mal por no poder hacerlo.


Alice Bailey

El budismo, en cambio, enuncia que la vida es difícil por naturaleza, que está llena de tropiezos y que es imperfecta. ¿Deberíamos considerar que el budismo es pesimista? No lo es, es realista: si todos aceptáramos que el sufrimiento es parte de la vida y que no somos inadecuados si sufrimos, podríamos eliminar el sufrir innecesario, aquel que se genera en nuestra propia neurosis. Además, aprenderíamos a evaluar cuánto deberíamos sufrir por cada cosa ahorrándonos así mucho dolor innecesario.

Por el hecho de haber nacido nos veremos sujetos al dolor físico y al emocional. Los problemas cotidianos nos enseñan que la vida es como es la vida: llena de dificultades, pero con un tremendo potencial para el gozo y la realización, la diferencia está, por supuesto, en lo que cada cual haga con esta realidad.

Quejarnos por nuestras dificultades, es humano, pero también lo es poder examinar nuestras conductas. Afortunadamente, en todas las culturas se han desarrollado personas que pueden enseñarnos a ir más allá de nuestras propias limitaciones.

Alice Bailey (1880-1949) fue una investigadora de la espiritualidad que dejó importantes enseñanzas a la humanidad. Fue, como ella misma se describe “una mujer que siempre temió a la vida (quizás en parte, debido a la excesiva protección durante la infancia), de naturaleza tímida que aún hoy tiene que armarse de valor para llamar a la puerta, si es invitada a un almuerzo; es muy hogareña, le gusta cocinar y lavar (solo Dios sabe enqué medida ha hecho esto) y aborrece la publicidad”. Perdió a sus padres a los 9 años, de tuberculosis, crió a tres hijas trabajando en una fábrica pasando por grandes privaciones económicas luego de haber vivido sin apremios de dinero.

Durante 30 años escribió libros, dio cientos de conferencias, atendió multitud de personas y sobre todo, se sobrepuso a su constante mala salud. Decide escribir su autobiografía porque dice querer “demostrar cuán maravillosos son los seres humanos”. Es difícil elegir fragmentos de su obra porque fue una mujer tan atenta a todos los aspectos de la vida, que sus dichos están llenos de verdades. Los siguientes son solo algunos párrafos del libro “Autobiografía inconclusa de Alice Bailey”, de Ed. Kier.

…“Aunque nunca he sido robusta, poseo una vitalidad sorprendente. En el transcurso de mi vida me he visto obligada a permanecer semanas y hasta meses en cama. En estos últimos ocho años, me he mantenido viva gracias a la ciencia médica, pero esto es algo de lo que me siento orgullosa, he seguido trabajando a pesar de todo. He considerado a la vida como algo muy bueno, aún en lo que la mayoría consideraría una época pésima. Siempre hubo mucho que hacer y mucha gente que conocer….”.

…“He aquí la historia de mi vida. No se dejen engañar. No va a ser una exposición profundamente religiosa. Soy una persona algo jovial y humorista y siempre estoy dispuesta a ver el lado cómico de las cosas. Confidencialmente diré que el profundo interés que demuestran las personas por sí mismas, por sus almas y todas las complejidades de las experiencias relatadas, casi me anonadan. Me entran ganas de sacudirlos y decirles: “Salgan y descubran su alma en los demás, así descubrirán la propia”.

…”Es necesario aprender a recordar las cosas que nos causaron alegría y felicidad y no únicamente las que nos trajeron dolor y dificultad. Lo bueno y lo malo forman un todo muy importante que merece ser recordado…. ¿Porqué se olvidan tan fácilmente las cosas buenas y en cambio las cosas desagradables, tristes o terribles se fijan en nuestra mente? No lo sé. Aparentemente, en este peculiar planeta, el sufrimiento se experimenta con más intensidad que la felicidad, y su efecto parece ser más perdurable. También puede ser que temamos la felicidad y la apartemos de nosotros por la influencia de esa característica tan descollante en el hombre: el TEMOR”.

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2 respuestas a ¿Cuánto hay que sufrir?

  1. virginia dijo:

    Creo que si algunas vidas no tuvieran las dificultades que tuvieron o tienen, no desarrollarían todo su potencial… no quiero decir con esto que está bueno que la gente que la pasa realmente mal es una dicha, a modo de negación; sino que esos momentos quizás lo pongan a uno a prueba para ver cómo juega uno las cartas que le tocaron… para ser una persona, para elegir ser persona,y no que a uno le “pase” la vida, verla pasar… en fin, muy bueno, no conocía a esta autora.
    gracias
    vir

  2. Pasion dijo:

    Hola Fanny!!
    Estaba buscando tu email donde me enviabas ese lugar parecido a Valle Tierra en zona Norte y no lo encuentro, lo tendràs?
    Muy bonita esta nota…
    Un abrazo!!
    Pasión

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