Somos iguales y también distintos

¿Cuántas veces hemos descartado pensamientos propios por considerarlos desajustados? ¡Como si todo lo que se dice y se hace en nuestro contexto social fuera tan razonable! ¿Cuánto se ve cuando realmente se está dispuesto a ver? ¿Cuánto perciben las personas sensibles? ¿Cuántas equivocaciones propias y ajenas vemos al mirar ampliamente a nuestro alrededor? ¿Qué posición tomar frente al daño que, día a día, vemos que ocasionan los otros?

Si al pensar en los demás los consideramos distintos y por ello inferiores, estamos actuando arrogantemente. Por eso, quienes saben que todos somos Uno, que todos somos iguales, muchas veces no desean establecer diferencias entre las personas, aunque en ocasiones, esto se haga verdaderamente necesario.

Mirar a la gente y hacer una clasificación entre las distintas actitudes que observamos puede ayudarnos a tomar decisiones relativas a como es más conveniente manejarnos en nuestro entorno social.  Todos nos vemos expuestos a cosas que no nos gustan, que nos parecen injustas y estas situaciones van desde la sencilla escena de ver que otro tira un papel al piso en la vía pública, hasta la de ser testigos directos o indirectos de la violencia más extrema. Saber reconocer las diferencias entre personas puede ayudarnos a evaluar si es necesario poner límites , si debemos ser compasivos u optar por ser nosotros mismos combativos, saber si debemos tolerar y no hacer nada o decidirnos a actuar.

Hermann Hess fue un hombre sensible, un visionario, alguien que se animó a sentir y a disentir. Quienes recorren el camino del auto descubrimiento, personas de esta y de anteriores generaciones, conocen su obra. Nació en 1877 pero sus ideas de avanzada perfectamente podrían corresponder a algún hombre de nuestros días. Buscó la verdad, no intentó engañarse, no se conformó con todo lo que le dijeron sus educadores, revisó los valores de su familia sin acatarlos ciegamente. No solo se abrió a su sensibilidad y a las preguntas acerca del sufrimiento sino que , además, se dio cuenta que podía recorrer su vasto mundo interno (entre otras cosas, se interesó por el psicoanálisis e hizo terapia de tipo junguiano),  vislumbró la riqueza posible en el intercambio de culturas, sobre todo entre Oriente y Occidente.

De familia muy religiosa, lo hacen ingresar en un seminario a la edad de 14 años. Comenzó a rebelarse, a ser un “indisciplinado” en los centros escolares de los que fue expulsado en numerosas ocasiones. Su padre lo envía a la residencia de un pastor y exorcista protestante para que éste pudiera aplacar el agitado comportamiento de su “embrujado” hijo. Allí Hess intenta suicidarse a raíz de un desengaño amoroso con la hija del sacerdote, razón por la cual fue internado en un psiquiátrico. En consecuencia, se educó él mismo a base de lecturas. Fue pacifista y, por ello, recibió el calificativo de traidor por sus comentarios antibélicos durante la Primera Guerra Mundial y también fue incluido en la lista negra el partido nazi.

Difícil es hacer una selección de fragmentos de su obra, siempre tan clara y profunda, recordemos solo algunas palabras pertenecientes al libro “Demián”.

“La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo,
la tentativa de un camino, la huella de un sendero.
Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo;
pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros,
cada uno como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin,
viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial.
Alguno no llega jamás a ser hombre,
y sigue siendo rana, ardilla u hormiga.
Otro es hombre de medio cuerpo arriba, y el resto, pez.
Pero cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre.
Todos tenemos orígenes comunes: las madres;
todos nosotros venimos de la misma sima,
pero cada uno -tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio fin.
Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno”

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5 respuestas a Somos iguales y también distintos

  1. javycb dijo:

    Sobre la introducción que has hecho, me siento muy identificado (tristemente identificado, todo hay que decirlo) con la primera frase que dices: “¿Cuántas veces hemos descartado pensamientos propios por considerarlos desajustados?”. A veces no sé (o no sabemos) dónde termina nuestra verdad y empieza la verdad de la sociedad. En un mundo como el de ahora, es dificil pensar por uno mismo. Nos bombardean constantemente con publicidad que nos dice cómo debemos vestir, qué debemos comer, qué debemos oír, etc. Y nuestro cerebro está tan ocupado en intentar admitir que lo que dicta la moda es cierto que no tiene tiempo de buscar una verdad propia, un estilo independiente… en definitiva no tenemos tiempo de buscarnos a nosotros mismos. Todos queremos ser como ese jugador de fútbol que marca goles espléndidos, como ese cantante con su voz prodigiosa, como esa top-model con su delgadez extrema… Y olvidamos por completo nuestra identidad. Queremos imitar porque (creo) subconscientemente consideramos más fácil imitar que crear. Todos somos sagrados, como decías en tu anterior entrada, y todos tenemos algo que merece ser sacado, y no disfrazarnos de nadie.
    Conforme escribo me doy cuenta del gran llamamiento que hago a la abolición de ídolos… que no significa que no podamos admirarlos, pero no intentemos ser ellos, intenemos ser nosotros porque, si esos famosos son tan artistas, lo son porque han sacado lo que llevan dentro no queriendo imitar a nadie.

    Sobre Herman Hess… Jamás había oído nada de este hombre. Y me extraña porque esas palabras:
    “La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo” no son del siglo XIX o principios del XX, al menos no de un hombre de occidente, sino de un gran hombre.
    Muy recomendable, al igual que peligroso y doloroso es hacer lo que hizo él, que siglos atrás ya hizo Descartes: revisar los valores transmitidos de sus padres y profesores y juzgarlos bajo un método propio.
    Sobre lo de que “Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo” no estoy del todo de acuerdo. Creo que, al menos, dos hombres si que lo han sido, han vivido siempre desde su alma o esencia, en lugar de vivir desde el ego: Buda y Jesucristo. No sé qué te parecerá, Fanny, lo que digo, pero ya me he suscrito a este blog, jeje.
    ¡Un saludo!

  2. javycb dijo:

    Uff… por lo que veo, me ha vuelto a salir un comentario muy extenso…
    ¡Otro saludo!

  3. virginia dijo:

    Hola!
    me encantó recordar a Hermann Hesse… un grande. Lo conocí a los 13 años cuando me regalaron “Narciso y Goldmundo”, la historia de dos seres, aparentemente opuestos y diferentes, pero que sin embargo recorren un camino de vida juntos… como el propio camino de vida y conocimiento, donde hay que integrar lo que aparentemente es discordante entre sí de uno mismo…
    Hay gente, como Hesse, que es atemporal, excede su época, y funciona como “despertador” de otras generaciones. Me encanta recordarlo, gracias Fanny!
    lo que sí, nunca había visto una foto de él…
    besos
    vir

  4. ¡Hola Javycv! ¡Otra vez pensando juntos! ¡Qué bueno! Somos seres sociales, es imposible establecer un diferencia exacta entre qué nos inducen culturalmente y qué no está determinado. Creo, sin embargo, que es saludable hacer siempre el ejercicio de imaginar una sociedad sin modelos a copiar, pero no nos veo aún preparados para eso. En el comienzo de la vida necesitamos aprender por imitación de los adultos y luego lo continuamos haciendo por inercia. Toda la historia de la humanidad ha girado alrededor de los “imperios” de todas las clases y estamos habituados a pensar que siempre hay una cabeza pensante, alguien que “realmente” sabe y tiene el poder y se lo delegamos, me incluyo…¡Qué fantasía! Por eso nadie cree ser sagrado, sagrados son los “otros”, los futbolistas o las modelos, los políticos o el vecino o el familiar “inteligente”, ese que “verdaderamente” sabe lo que hay que hacer o pensar. Siempre tiene que haber alguien, un Dios, un sabelotodo, un fantasma, alguien que todo lo puede. De eso se trata, creo que de salir de esa ilusión. Krishnamurti sabía mucho de esto. Acerca de Buda y de Cristo, es verdad lo que decís. Entiendo que ya “saben”, pero también creo que tampoco importa el punto en el camino en el que nos encontremos sino que lo estemos recorriendo, ellos y otros hombres valiosos nos guían y es nuestra responsabilidad ser constantes con nuestros aprendizajes. Creo que por esto estamos intercambiando nosotros ahora ¿no?. ¡Ah!, te entrego el primer carnet de socio al blog…por ser el socio número 1, tendrás beneficios, ¡no lo dudes!…..Un abrazo grande, Fanny.

  5. Hola Virginia. Hesse sabe de dualidades, de sensibilidad, de la Verdad. Fue y sigue siendo un bálsamo en el camino, un oasis en el desierto de la superficialidad. No sé qué hubiera sido de mi mente y de mi corazón si no lo hubiera encontrado en aquellos años en los que, a diferencia de ahora, no tenía con quién hablar y compartir sobre estos temas. Sus libros habitaban mi mesita de luz, los leía cuando estaba triste, cuando estaba enojada, cuando buscaba respuestas. Por eso soy feliz hablando de él y compartiendo su recuerdo con los demás. Besos. Fanny

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