“Atender” estando atentos

meditacion 2

Mucho se ha dicho y escrito acerca de cómo deben cuidarse quienes cuidan, pero a menudo las propuestas no superan la mera comprensión intelectual que -aunque es válida- resulta insuficiente. Las buenas intenciones de comprender la situación a menudo fracasan al pasar por  alto que para que podamos establecer relaciones adecuadas con los demás, debemos conocernos a nosotros mismos y que el acceso a este conocimiento solo se logra a partir de la práctica y la experiencia personal.

¿Cuál tiene que ser la medida exacta en la que una madre es lo suficientemente buena? ¿Y cuál es el modelo de maestro cuya capacidad de dedicación está a la altura de su rol? ¿Cuánta cantidad de energía tiene que invertir una persona para que otra se cure o mejore? ¿Cuál y cuánto es el sufrimiento que estamos obligados a reducirles a los demás? ¿En qué estamos unidos y en qué separados de los otros?

Creemos que cuidar a nuestros semejantes necesariamente implica dejarnos de lado; o que es hacer todo lo que nos piden sin pedir nada a cambio; u obrar hasta el infinito, hasta que el cuerpo duela, hasta que el otro cambie o mejore o se cure; o sostenerlo hasta que quizás se de cuenta y logre hacer algo por sí mismo.

En los vínculos de ayuda se crean trampas, formas de ver y de actuar que suelen pasar inadvertidas porque estamos habituados a asociar al servicio a los demás con el  auto sacrificio. Esos malos entendidos van desde decir que sí a todo lo que se nos pide, a no escuchar los síntomas que se nos muestran, a dejarnos impregnar por emociones desmedidas, o tal vez desconocer nuestra propia intuición cuando señala hacia a dónde está lo mejor o lo que es peor para nosotros mismos. Poco a poco y día a día, sin danos cuenta, vamos quedando perdidos en los demás mientras que, consecuentemente, vamos dejando abandonados a los demás de nosotros mismos.

El cuidado de los otros puede obligarnos a vivir expuestos durante años a un conjunto de factores muy estresantes que se superponen a los que ya están presentes; la vida comporta dificultades, obstáculos y dolores naturales que requieren que estemos alertas, y este es el estrés natural que se genera día a día. La meta entonces, no es la de eliminar el estrés en sí mismo, ni todos nuestros problemas, como pretendemos muchas veces, sino la de  crear las condiciones para aumentar nuestros recursos para enfrentarlos.

Hay mucho que podemos hacer, pero no podremos pasar por alto el proceso de  aprender a estar atentos, que significa también tomar conciencia, discernir y discriminar entre los distintos hechos de la realidad de forma tal que no aumentaremos el impacto de las dificultades. La psicología budista compara la mente no entrenada a un mono loco que salta sin cesar, del pensamiento a la ansiedad, de la emoción a la reacción y de mono meditandola reacción automática y desmedida a la formación de los síntomas que padecemos. Contrariamente, si todos fuéramos capaces de sentarnos tranquilamente durante una hora y observar plenamente todos los lugares que visita nuestra mente ¿Cuánto cambiarían nuestras vidas?

Trabajar la conciencia del presente nos permitirá reconocer cuáles son los sentimientos, las sensaciones, las ideas que se presentan para así no tener que reaccionar de manera automática y a veces desmedida, como hacemos casi siempre que algún acontecimiento interno o externo nos “aprieta el botón” que nos conduce al desequilibrio.

La práctica que nos ayuda a ir en esta dirección es la Meditación, en todas sus formas. ¿Qué es Meditar? La palabra significa familiarizarse con una nueva visión de la realidad, una forma de tratar los pensamientos, de observar a los seres  y el mundo de los fenómenos, es la práctica que nos abre la posibilidad de discernir en el mundo de los acontecimientos que atravesamos a lo largo de la vida.

Meditar también es “medir”, es abrir el camino para conocer nuestra mente y solo conociendo nuestra mente sabremos si nuestras reacciones son acordes o no a las situaciones que vamos atravesando. Si practicamos,  poco a poco iremos aprendiendo a centrar nuestra atención, hasta lograrlo cada vez que lo necesitemos, de manera que podemos obligar a nuestro cuerpo y nuestra mente a estar tranquilos cuando no lo están.

Crearnos nosotros mismos una mente contemplativa nos permitirá mantener cada vez más  la calma por medio del logro de una respuesta cada vez más equilibrada cuando estemos estresados.

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