Negar o ver, aceptar y evolucionar

Solemos negar lo que las cosas son, las negaciones son chiquitas o grandes, de todos los tamaños. ¿Y por qué lo hacemos? Porque no nos gusta la realidad, porque nos duele lo que vemos, porque somos ambiciosos y deseamos ser distintos, entonces…¡Incluso negamos lo que somos!. Negamos porque tenemos miedo de estar solos, negamos porque tenemos miedo…

No solo negamos en la esfera de nuestras vidas personales, sino que también lo hacemos frente a los hechos colectivos. La historia se fue forjando -simplificando mucho el tema- a partir de unos que dominan y maltratan a otros y de muchos que niegan lo que está ocurriendo.

Algunos niegan porque son insensibles, otros porque se sienten impotentes frente a la dimensión del  sufrimiento que los medios muestran en la actualidad… hay distintas motivaciones para la negación. Veamos algunas, seguro que hay muchas más.

Quienes sufren por ver lo que está ocurriendo pero no quieren ser cómplices de ello, se ven obligados a negar en parte para poder seguir adelante. ¿Con qué fuerzas se puede seguir si trasladamos TODO  el dolor que sentimos a la vida diaria?. Tiene que haber algún tipo de balance en nuestras vidas para lograr no perder la vitalidad.

Entonces, si se hace necesario negar para poder  seguir viviendo…¿Cuál es la salida? La actitud es lo primero, prestar plena atención a todo lo que nos está ocurriendo, hacer prácticas para ampliar nuestra conciencia de las situaciones, empezar por nosotros mismos  a veces no podemos influir sobre lo global,  pero…a nosotros mismos… ¡Sí  accedemos!, si nos ocupamos de nosotros tal vez podremos:

Regular la intensidad con la que estamos negando, no es lo mismo negar un poquito que TODO.
-Conectarnos y conocer íntimamente nuestras propias emociones, observarnos permanentemente, ver de cerca qué nos está ocurriendo cuando estamos sintiéndonos mal, de nada servimos si estamos hundidos y abatidos, aunque sea imposible no sentirse así algunas veces.
-Cultivar la fortaleza para ver “lo terrible” y seguir luchando, no dar el brazo a torcer, no dar ninguna batalla por perdida, porque ahí el enemigo nos dará su último golpe (quienes se mueven por pura ambición suelen tener mucha energía y capacidad de organización).
Ser crudamente honestos con nosotros mismos para darnos cuenta del preciso momento en el que estamos negando y no dejar de participar activamente en lo que hacemos o sentimos. Cabe mencionar que el negar es automático, es un modo de defensa que se gatilla inconscientemente, con tanta rapidez que ni nos damos cuenta algunas veces.
Compartir con otros la tarea de buscar otras salidas para los problemas porque en verdad…NO ESTAMOS SOLOS.

Si, lo sabemos, fácil es decirlo, difícil hacerlo….pero: ¿No será acaso difícil de hacer este camino?¿Demasiado laborioso? ¿Demasiado ilusorio? Probemos. Nada habrá más productivo que atrevernos a pasar por lo que nos duele, seguir erguidos y hacer algo  bueno con lo que sentimos.

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