La bella metáfora de la flor de loto

Al observar un estanque lleno de lotos algunas plantas estarán invisibles a nuestros ojos porque se encontrarán sumergidas en el fondo del lodo. Otras plantas estarán creciendo de modo que podremos ver las puntas de sus pétalos apenas abriendo. Otros estarán bien visibles, ya a plena luz, completamente afuera del agua, brillantes y majestuosos. Esta es la imagen que vio Buda y que lo ayudó a comprender la realidad de la humanidad: algunos hombres harán un camino que les permitirá florecer hasta alcanzar una belleza conmovedora.

El loto representa los distintos pasos del proceso de alquimia o purificación que hacen algunas personas, ya que crece en el lodo a partir del agua oscura, mezclada con el barro, un terreno que simboliza nuestra vida humana, que está lleno de dificultades, conflictos, de ignorancia. Pero la planta aparece pura sobre la superficie y finalmente produce una hermosa flor que simboliza el despertar (la purificación de la palabra, el pensamiento y el cuerpo).

La flor cerrada representa el potencial para la iluminación, el que TODOS tenemos. La flor abierta significa la iluminación completa y si observamos a nuestro alrededor, este proceso se mostrará ante nuestros ojos con facilidad. ¿O es que acaso no surge en nosotros lo mejor en el “barro” de lo peor que tenemos? ¿No conocen personas maravillosas que han sido fraguadas en el dolor? Ustedes mismos…¿Logran reconocer la forma en las que sus valores más elevados y su amor más profundo nace de lo que aprendieron de la negatividad y del malestar?

No se trata de acentuar la sombra y la oscuridad para fomentarla, sino para aceptar la realidad del sufrimiento que trae la vida y los hechos que revelan el dolor, los síntomas que padecemos, nuestras imperfecciones y errores, nuestros rasgos “inconvenientes” y molestos de carácter, todo creará la base a partir de la que -si trabajamos sobre nosotros mismos- nos construiremos mejores cada día sin tener la necesidad de negar lo que nos resulta desagradable o insatisfactorio de nosotros mismos.

Muy por el contrario, la aceptación del “barro” nos ayudará a no sentirnos avergonzados de nuestras imperfecciones, a no cerrarnos frente al dolor por haber evaluado que éste carece de sentido y, finalmente, a no aceptar ninguna gesto de rechazo de nuestras persona, tanto del rechazo que proviene de los demás como el que a veces dejamos surgir en el interior de nosotros mismos.

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