La loca relación que tenemos con la alimentación

“Esta comida es el regalo de todo el universo –la Tierra, el Cielo y mucho trabajo duro.
Hay que comer con atención de manera que podamos ser dignos de recibirla.
Es necesario que transformemos nuestros estados mentales poco hábiles y aprendamos a comer con moderación.
Solamente debemos ingerir alimentos que nos nutran y prevengan la aparición de enfermedades.
Aceptamos estos alimentos para poder llevar a cabo el camino del entendimiento y el amor”.

“Versos para vivir con atención” – Thich Nat Hanh
Se pueden bajar gratis clickeando en: http://www.librosbudistas.com/libro/versos-vivir-atencion

¿Qué comemos cuándo comemos? ¿Alimentos, energía y nutrientes? ¿O amargura, angustias ahogadas, enojos atascados? ¿Quién no “tragó” alimentos alguna vez cuando compartió alguna comida compartida con personas difíciles? Estamos separados, divididos y alienadas de nuestras verdaderas necesidades alimentarias,  al punto que nuestras bocas se asemejan más a buzones de correo capaces de tragar todo tipo de “paquetes”,  que a órganos vitales inteligentes y nobles.

Y los que hacen dieta: ¿Porqué y para qué la hacen? ¿Para ser aceptados? ¿Cada bocado se constituye en una amenaza “engordante” para nuestro averiado amor hacia nosotros mismos?  ¿Para amar y cuidar el propio cuerpo en las condiciones en que se encuentre y bajo la aceptación de las supuestas fallas a las que nos vemos por el hecho de ser parte de la naturaleza?

Aunque somos seres culturales nada nos obliga a ser parte de las locuras que circulan por los medios de comunicación, todo lo contrario. Acá van algunas ideas rebeldes y productivas, aunque aceptamos nuevas sugerencias para tratar el tema:

Debemos negarnos a que los demás opinen sobre nuestro propio cuerpo, a la vez que somos cuidadosos con lo que decimos sobre el de los demás. Nunca sabemos qué repercusión puede tener en los otros un comentario tanto acerca de la delgadez como de la gordura que tal vez estén enreden aún más un vínculo difícil con el propio cuerpo. “¡Que flaco que estás! O ¿Aumentaste unos kilitos, digo…porque está como más compuesto?…¡No! El cuerpo es un tesoro que podemos entregar con felicidad a los demás, pero también es un territorio que tiene que tener límites sanos que nos separen de las actitudes desubicadas de los demás.

Si nos “miramos el ombligo” todo el tiempo mientras usamos el espejo para aumentar nuestra mirada crítica sobre nosotros mismos, es casi seguro que le haremos lo mismo a los demás. Alguien tiene que empezar a cortar estos circuitos sociales en los que la carta de presentación sean las costillas a la vista y las ropas ajustadas, como diciendo: “mirá qué delgado estoy”;  ¡y ese alguien tenemos que ser nosotros mismos!.

Reconquistar nuestra amistad con los alimentos después de tanto alejamiento que nos ha producido la sociedad industrial: volver a pensar en comer por hambre, valorar lo mucho que cuesta que llegue un alimento a nosotros, hacer de las comidas un momento sagrado y de placer. Para apoyarnos en este trabajo puede ser útil hacer un listado semanal o diario de nuestras emociones y que exploremos cuáles son los momentos en que ellas nos llevan a comer para aliviarnos, después de todo somos seres que sufren, humanos, necesitamos trabajar para saber cuáles son los mejores caminos para darle mejor salida a nuestras emociones más difíciles. Tiempo y paciencia, tal vez esta sea la clave.

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