Nosotros, los “neuróticos humanitos”

“Que puede esperarse de un hombre? Cólmelo usted de todos los bienes de la tierra, sumérjalo en la felicidad hasta el cuello, hasta encima de su cabeza, de forma que a la superficie de su dicha, como en el nivel del agua, suban las burbujas, déle unos ingresos que no tenga más que dormir, ingerir pasteles y mirar por la permanencia  de la especie humana; a pesar de todo, este mismo hombre de puro desagradecido, por simple descaro, le jugará a usted en el acto una mala pasada. A lo mejor comprometerá los mismos pasteles y llegará a desear que le sobrevenga el mal más disparatado, la estupidez más anti-económica, sólo para poner a esta situación totalmente razonable su propio elemento fantástico de mal agüero. Justamente, sus ideas fantásticas, su estupidez trivial, es lo que querrá conservar…”. Fedor Dostoievski

Todo tiene una razón de ser, por más que ésta sea incómoda, por más que haya que trabajar sobre ella para liberarnos del malestar automático. ¿Porqué nos arruinamos las cosas aún cuando no es necesario hacerlo?

Porque en la base de nuestra conducta, nuestra biología nos condiciona para reaccionar frente al peligro con eficacia: si no fuera así, no estaríamos contando este cuento. Pero nosotros, grandes creadores de pensamientos, vivimos imaginando permanentemente que hay peligro y reaccionando con malestar, aún cuando ya no existe tal. Más aún, en cierto sentido, no nos sentimos bien cuando nos sentimos en calma y felices. Como dice la sabiduría popular, nada hay más difícil que soportar que una sucesión de días buenos.

¿Quién acaso no se arruinó algún domingo por causa de alguna molestia emocional indefinida pero corrosiva y tóxica? ¿Quién no pasó parte de sus  muy ansiadas vacaciones buscando algún motivo para preocuparse? ¿Quién no se aburre un tanto cuando no se siente mal o retado a resolver algún problema “interesante”?

Como en casi todas las cosas, menos en la cocina, no hay recetas que nos sirvan para recorrer el camino del bienestar, a cada quien le compete discernir cuándo tiene que sentirse bien y cuándo mal, pero sugerimos algunos pasos útiles que nos pueden ayudar: 1) Seamos compasivos con nuestras peculiaridades humanas, hay fuerzas que nos trascienden, que nos marcan, que nos emparentan con todos los animales y que nos impulsan a sentirnos mal a modo de auto protección. La ventaja de tomar esta posición es que cuando no luchamos contra nuestra esencia, resolvemos con menos cargas nuestras dificultades; 2) aceptemos todas nuestras emociones y también el hecho de que somos muy neuróticos,  sin pelear contra nosotros mismos, nos conoceremos más en profundidad ; 3) prestemos plena atención a no arruinarnos más el tiempo con pequeñas cosas que no son importantes. ¿Es acaso esto un problema real y que pueda yo resolver si me preocupo y me estreso?  A propósito: ¿Qué hará usted este fin de semana?.

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