Desear, sufrir o gozar

“Enloquecidos por el ansia,

los hombres huyen como liebres acosadas.

Oh bhikkhu (monje), la libertad llega sólo

con la conquista del ansia.

¡Mírale!

Habiendo conquistado el bosque del deseo,

corre al bosque de nuevos deseos.

Todo en vano: porque corre a la esclavitud”.

Dhamapada

¿Qué tal les va con el deseo y la ansiedad? Menudos temas. Solemos sentirnos perdidos en un mar de emociones difusas de las que a veces ni siquiera somos conscientes: desde el fuerte deseo que nos angustia, hasta un cosquilleo que no nos deja dormir…todo puede hacernos sentir el deseo. Los que manejan empresas de publicidad muy bien lo saben, ahí a dónde no nos damos cuenta, intentamos calmarnos con lo primero que se cruce en el camino, ellos estarán siempre dispuestos a ofrecernos cualquier alternativa.

Mark Epstein, psiquiatra que realiza su práctica combinando el Psicoanálisis y la Psicología Budista nos dice lo siguiente: “La ansiedad y el deseo son dos orientaciones, a menudo contrapuestas, hacia lo desconocido. Ambas se inclinan hacia el futuro. El deseo implica una voluntad, o una necesidad, de involucrarse con lo desconocido, mientras que la ansiedad sugiere un temor a ello. El deseo te saca de ti mismo, hacia la posibilidad de una relación, pero también te lleva más dentro de ti mismo. La ansiedad te hace volver a ti mismo, pero sólo al tú que ya conocías. No hay nada misterioso en el estado de ansiedad; te deja titubeando en un aislamiento inaceptable y demasiado familiar. Raramente hay deseo que no esté emparejado a algo de ansiedad: Parecemos estar diseñados para sentir aprensión por lo que no podemos controlar, de modo que, de esta manera, los dos no son realmente completamente opuestos. Pero el deseo nos da una razón para tolerar la ansiedad y la voluntad de abrinos camino a través de ella”.

¿Qué nos enseña el deseo? A gratificarnos y gozar, pero también porque jamás se satisface a sí mismo enteramente y este plan del deseo nos muestra la brecha que existe siempre entre nuestras expectativas y la realidad.

En estas paradojas y contradicciones debemos movernos para acceder a la sabiduría a la que nos obliga el deseo. ¿Cómo se llevan ustedes con el movimiento del deseo?¿Cómo gozan y aceptan que la situación placentera no es interminable?¿Qué hacen cuando no pueden satisfacer un deseo?¿Aceptan las limitaciones de la vida humana o desean vivir siempre en una especie de estado de éxtasis eterno?

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