La fuerza del débil y la debilidad del fuerte

Estamos habituados a pensar por opuestos no complementarios, no toleramos bien las contradicciones y tenemos la tendencia de dividir al mundo en porciones: quien se ve “bueno”, no digiere bien su costado de maldad; quien se percibe conteniendo aspectos “no deseables”, no se cree merecedor del amor, y así en más, nos cuesta captar nuestro ser humanos bajo una visión abarcadora y global.

Juan tenía capacidades diferentes, no podía comprender desde su inteligencia muchas de las cosas que se supone que nos hacen inteligentes. Es así como trabajaba como jardinero, le habían enseñado el oficio en una escuela especial, a la vez que recibía un dinero (poco) por parte del gobierno destinado a su manutención. A los ojos de todos, seguro es que Juan era un “discapacitado”, alguien que no puede, que no sabe y , sobre todo, que no tiene remedio.

En 2001, esa etapa de crisis económica y social profunda -que bien recordamos  los que vivimos en Argentina- todos en la familia de Juan, uno a uno, fueron perdiendo el trabajo, pero fue él quien pudo mantener el hogar por bastante tiempo. ¿Qué es entonces ser fuerte, capaz e inteligente? ¿Qué es saber?¿Qué es tener poder para hacer? Me pregunto qué habrán sentido quienes se apoyaron en Juan. No lo sé con seguridad, sólo imagino que en esa familia se debe haber generado un gran cambio de roles y de creencias. El efecto que me produjo esta historia en lo personal es que toda vez que dudo de mi propio saber y de mi propia fortaleza recuerdo esta historia que me ayuda a aceptar mucho más mis auto-definidas debilidades.

Las ideas que nos vamos forjando acerca de lo que podemos o no podemos ser o hacer moldean nuestras vidas. Tapamos la realidad y hacemos cosas porque nos queremos demostrar a nosotros mismos que somos poderosos hasta el punto de de hacer aquello que nos presiona y que nos hacen mal. Esa “omnipotencia impostada”  nos hace ahogar lágrimas con el objetivo de no mostrar a los demás que nos sentimos “débiles” o “torpes”.Con vergüenza solemos ocultamos aquellas cosas que sentimos que son nuestra debilidad cuando en realidad sólo es lo que nos hace humanos.

Y los varones: ¿Qué hay de ellos cuando se sienten sensibles o impotentes? Reprimen sus emociones, niegan sus dificultades, aprenden a temer sus oscuridades sin lograr seguir el camino al que los puede llevar el descubrimiento de su propia verdad, que no es otro que el de las propias emociones.

Qué pena que esto sea así, que quienes pueden abrir el corazón lo tengan que cerrar para ocultar lo que suponen inadecuado o deficitario. Este es , en definitiva, uno de los objetivos más importantes que es necesario contemplar en el trabajo psicológico personal, es un camino de vida completo que nos puede acercar a la libertad interior.

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