Los héroes podemos ser nosotros: el coraje y la belleza del trabajo interior

“Adelante, enciendan las velas y quemen el incienso y toquen las campanas y llamen a Dios, pero cuidado, porque Dios vendrá y Él preparará Su yunque y encenderá Su forja y te golpeará y te golpeará hasta hacer oro puro de tu bronce. ”

SANT KESHAVADAS

No hacen falta más que 10 minutos de lectura de un periódico o de mirar televisión para que podamos darnos cuenta de que nos han educado para adormecernos con productos que nos ofrecen un falso bienestar, a la vez que a muchos les sirve como negocio. De esta manera nos han convertido en adictos al goce y a la falsa felicidad a la vez que  en grandes temerosos del dolor y de la verdad. No nos damos cuenta pero cuando nos sentimos mal, casi siempre huimos y nos defendemos detrás de falsas fortalezas sin admitir que aquello que nos resulta desagradable contiene en sí la clave de su más profunda inteligencia, es decir, de su resolución en un nivel de evolución más alto.

Cuando algo nos muestra que no somos perfectos, como no podía ser de otra forma, nos entristecemos, sentimos que somos inadecuados, en resumen: no nos gusta nada ver nuestra imperfección, aunque precisamente sea esta la que nos define como humanos.

Cuando decimos que tenemos que cambiar en algo, en el primer tropezón nos detenemos a la espera de “mejores condiciones para hacer el cambio” ya que éstas no nos gustan o nos parecen difíciles o dolorosas.

Cuando decimos que necesitamos ayuda, caemos con todo nuestro peso sobre los que nos dan la mano sin discernir en qué tendremos que seguir haciendo esfuerzo y en qué punto no es el otro quien nos pueda hacer desplegar nuestra propia potencia.

Cuando hacemos algún trabajo interno, tanto sea una terapia psicológica como cualquier  otra práctica de auto transformación, solemos abandonar cuando vemos que las cosas no son mágicas y que llevan su tiempo…¡todo se hace en función a procesos largos y llenos de obstáculos!.

Nos cuesta aceptar el dolor y la muerte, que no es otro trabajo que el de aceptar lo que ya estaba escrito, aunque lo neguemos. Salir de la ilusión de la eterna vida feliz y despreocupada nos abre a la evolución personal, a la compasión, a sentirnos iguales a los demás, a la felicidad verdadera, no prestada y sí construida por nosotros mismos.

Los héroes no son esos tontos que suben paredes, vuelan por el cielo o comen espinaca, mientras exhiben sus músculos y se pavonean después de haber realizado alguna hazaña.  El coraje y el valor son propiedad de todos los humanos que se atrevan a trabajar sobre sus miedos y los héroes son aquellos que saben decir y decirse la verdad, quienes enfrentan sus miedos a pesar de tener miedo, sostienen la confianza en medio de las dificultades y en los tiempos oscuros, tiempos en los que saben que los demás los necesitan. Héroes son quienes vecen a los dragones, a aquellos dragones callejeros que se nos presentan paso a paso en la vida cotidiana.

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