Sentarse con las emociones difíciles

La “transmutación” es el proceso que desarrolla el budismo tántrico y que implica la disolución de los estados negativos y dañinos de la mente y su transformación en su autentica naturaleza como conciencia pura y despierta. Es un término alquímico que implica convertir algo aparentemente inútil (como el plomo) en algo sumamente valioso (como el oro), es el uso de la emoción como un vehículo de la iluminación y de la transformación psicológica.
Cuando nos encontramos emocionalmente confusos, aprendemos a mantenernos en contacto con la emoción, sin tratar de aferrarnos a ella. Igualmente, cuando emerge la ansiedad o cualquier otro sentimiento perturbador, nos centramos en el sentimiento, no en los pensamientos que tengamos al respecto. ¡Si entramos en el centro de la emoción nos daremos cuenta  de que ahí no hay absolutamente nada!.
Al conectarnos con nuestras emociones puede ocurrir que nos veamos arrastrados por nuestros guiones vitales, atrapados por nuestros pensamientos. Con el tiempo, veremos que la emoción, separada de nuestros conceptos o reacciones, carece de existencia independiente y sólida.
Relacionarnos así con nuestras emociones nos permitirá descubrir la gran inteligencia que se oculta dentro de ellas. Por ejemplo, el miedo puede dejar de ser un desencadenante de la huida y  transformarse en una señal de alarma que reclama nuestra atención a la vez que transformarse desde ser una emoción que nos avergüenza -como suele ocurrirnos- en un aviso que nos muestra qué aspectos nos atemorizan pero a la vez nos pueden llevar a la evolución si decidimos enfrentarlos con coraje.
Tendemos a sentirnos atrapados en las emociones, pero cuando les prestamos atención veremos que nuestras historias al respecto las hacen crecer y atemorizarnos. Es sólo nuestra interpretación acerca de ellas las que nos impide relacionarnos bien con ellas: “no debería sentir dolor porque…” o “mi ansiedad es mala porque…”. Cuando nos abrimos plenamente al dolor tal vez se intensifique durante un tiempo y sintamos todo el pesar encerrado en él. Pero el hecho de abrinos a ese dolor, dejando de lado todo tipo de relatos, también nos hará sentir más vivos. Y es que, cuando miramos cara a cara a nuestros demonios, éstos acaban revelándose como una expresión de nuestra propia energía vital.

Fuente consultada: “Psicología del despertar”, John Welwood. Ed. Kairós

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