La compasión y los padres difíciles

“Incluso si uno debe cargar a la madre en un hombro y al padre sobre el otro, y al hacerlo debe vivir cien años. . . Más aún, si uno debe establecerlos como gobernantes supremos, que tienen poder absoluto sobre la tierra amplia y grande en los siete tesoros, ni siquiera por la ello se podría pagar a los padres todo lo que se les debe. ¿Y por qué? Monjes, los padres hacen mucho por sus hijos: ellos los hacen, les proporcionan comida, les dan a conocer el mundo”.

“Sin embargo, monjes, el que anima a sus padres infieles, y se instala y se establece en la fe, o el que anima a sus padres inmorales y se instala y se establece en la moral, o quien alienta a sus padres avaros, y se instala y se establece en la generosidad, o quien anima a sus padres necios  y se asienta y establece que en la sabiduría, tal persona, de esta manera, de sobra retribuye el pago de lo que  le debe a los padres”.

BUDDHA, ANGUTTARA-NIKAYA 2.32

¡Padres!¡Oh!… ¡Padres! ¿Qué sería de nosotros sin ellos?¡Qué bueno sería a veces no haberlos tenido! ¡Qué bueno sería también haber tenido otros distintos de ellos! Como sea…no se puede evitar padecer o disfrutar de las influencias que estas figuras -o quienes cumplen sus funciones- han tenido en nuestras vidas.
Nuestros padres nos han dado cosas de todos los colores, nos han protegido y nos han dañado, nos han dado apoyo pero también desamparo, confort e incomodidad, calidez y ternura o a veces una presencia gélida y distante. Por eso: ¿Qué les debemos?¿Cuánto les debemos?¿Es nuestra obligación ceder a todos sus caprichos y errores?¿A qué nos obligan -con seguridad- los lazos de sangre?.
Podemos sentir agradecimiento por lo bueno que han hecho nuestros padres por nosotros, podemos perdonarlos por sus errores así como necesitamos que nuestros hijos nos comprendan y perdonen a nosotros, podemos sentir pena porque a partir de sus problemas no resueltos nos han dañado, lo que no deberíamos hacer jamás es no liberarnos de sus ataduras, no permitirnos vivir otra vida distinta a la que compartimos con ellos. Nuestro trabajo consiste entonces en darnos a nosotros mismos la felicidad que no nos dieron.

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