Culpando a los demás

“Cuando se planta de lechuga, si no crece bien, no culpes a la lechuga. Buscas las razones por las que no lo está  haciendo bien. Puede ser que necesite abono, o más agua, o menos sol. Nunca culpes a la lechuga. Sin embargo, si tenemos problemas con nuestros amigos o familiares, le echamos la culpa a la otra  persona. Pero si sabemos cómo cuidar de ellos, ellos crecerán bien, al igual que la lechuga. Echar la culpa no tiene ningún efecto positivo en absoluto, ni tampoco tratar de persuadir de usar la razón y el argumento. Esa es mi experiencia. Sin culpa, sin razonamiento, ningún argumento, sólo comprensión. Si tú entiendes  y demuestras que entiendes, usted puede puedes amar , y la situación va a cambiar ”
Thich Nhat Hanh

Si las lechugas se ven bien, están bien, en cambio algo en relación con personas horribles puede verse muy mal en lo observable, aunque aunque para nosotros estemos pudiendo aprender desde nuestros corazones cuál es el mejor camino para evolucionar.
Cuidar una lechuga es una cosa y cuidar de las personas difíciles de nuestra vida es bien distinta.  Esas relaciones que nos hacen “doler la cabeza” necesitan también de nuestra atención, aunque nuestra primera reacción sea la de querer esquivar la situación. A veces pataleamos hasta que constatamos que imposible huir de los conflictos: esas personas no mueren, no se van a otros países, no desaparecen como el humo y no dejan de hacer lo que nos hace mal.
Podemos intentar conocer las causas de la conducta de alguien que nos trata mal, puede ser que  las descubramos. Pero también puede ser que jamás sepamos porqué nos maltrataron, sin embargo… tendremos que actuar.
A veces no podemos hacer algo para que los demás modifiquen su proceder, pero ¡SIEMPRE! podremos trabajar en nuestro corazón/mente, para sentirnos mejor. Si hay algo que nadie nos puede quitar en su totalidad es el trabajo interno que podamos hacer frente a cualquier conflicto porque ese es nuestro espacio de libertad.
Aunque poco podemos hacer en el punto en el que las personas difíciles no nos dejan llegar,  sí puede ser nuestro camino aquel que nos permita no llenarnos de enojo u odio sino el de responder con amor, sin pasar por alto la realidad.
Aún cuando hay que señalar las conductas erradas, cuando debemos identificar las emociones difíciles que nos generan los otros, cuando hay que tener bien en claro que nos están haciendo mal, cuando hay que limitar a los demás,  el camino de culpar a los otros nos llevará a una calle sin salida en la que aumentará nuestra impotencia.
Algo para hacer antes de desesperar: compartir con los otros, meditar, mantener la calma, saber que es el otro el que está sufriendo de verdad (y por eso nos hace lo que nos hace), aprender a guerrear (poner límites adecuados), tomar la situación como oportunidad para aprender.
¿Se les ocurren algunas opciones más? Bienvenida toda sugerencia en este difícil camino.

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