Despierto, Atento y Alerta

brother-david1Tres pasos en el proceso de vivir una vida de Gratitud
por el Hermano David Steindl-Rast OSB

http://www.gratefulness.org

“Debo admitir que hay momentos a la noche cuando repaso mi jornada, parece ser la primera parada de un tren expreso. Luego miro hacia atrás y me doy cuenta con pesar cuanto dejé de hacer.”

Una acto de gratitud es una vivencia íntegra.  El superponer en su fluir orgánico una grilla mental, como una serie de “pasos” siempre será algo arbitrario. Pero sin embargo, con el fin practico, esta delineación puede ser útil.

En cualquier proceso, podemos distinguir un comienzo, un medio y un final.

Podemos utilizar este circuito básico para la práctica de la Gratitud. ¿Qué sucede al principio, en el medio y al final cuando nosotros experimentamos la gratitud? ¿Qué sucede cuando no somos agradecidos?

Antes de dormir hago una retrovisión de mi día y me pregunto. ¿He parado y me he permitido sorprenderme? ¿O he caminado aturdido y con desgano?

Estar despierto, atento y alerta son el comienzo, el medio y el fin de la gratitud. Esto nos da la pista de cómo deben ser los tres pasos básicos de la practica de la gratitud.

Paso I  DESPERTAR

Para comenzar, nunca comenzamos a estar agradecidos si no nos despertamos. Despertamos ¿a qué? A sorprendernos. Mientras nada nos sorprenda caminamos por la vida aturdidos. Necesitamos practicar el despertarnos, el sorprendernos.

Sugiero esta pregunta como una especie de despertador” ¿no es esto sorprendente?”

“¡Sí, ciertamente!” será la respuesta correcta, sin importar cuando y donde y bajo que circunstancias tu haces esta pregunta. Después de todo, no es sorprendente que haya algo mejor que nada. Dos veces al día pregúntate a ti mismo “¿no es esto sorprendente?” y pronto estarás más abierto a sorprenderte  del mundo en que vivimos.

La sorpresa puede sacudirnos, lo suficiente para despertarnos y para que dejemos de tomar todo por supuesto. Pero puede, que no nos guste nada esta sorpresa. “¿Cómo puedo estar agradecido por algo así?” Podemos gemir en medio de esta repentina calamidad. ¿Y por qué? Porque no nos damos cuenta del verdadero obsequio que nos es dado en esta situación: oportunidad.

Paso II  ESTAR ATENTO A LAS OPORTUNIDADES

Hay una simple pregunta que nos ayuda a practicar el segundo paso de la gratitud. ¿Cuál es mi oportunidad aquí? Encontraras casi todo el tiempo ese momento que te ofrece una oportunidad de disfrutar… los sonidos, los olores, los sabores, las texturas, los colores y aun con más alegría profunda la amistad, la bondad, la paciencia, la fidelidad, la honestidad y todos aquellos dones que ablandan nuestros corazones con una calida lluvia de primavera.

Cuanto más practicamos la atención a las  innumerables oportunidades de simplemente disfrutar, se hace más fácil reconocer las experiencias difíciles o dolorosas como oportunidades, como dones.

Pero mientras la atención de oportunidades inherentes en los eventos de la vida y las circunstancias es la esencia de la gratitud, la atención por si sola no es suficiente. ¿De qué sirve estar atento a una oportunidad, si nosotros no nos beneficiamos de ella?

Nuestro agradecimiento se demuestra con la prontitud que respondemos a la oportunidad.

Paso III  RESPONDER CON PRONTITUD

Una vez que estemos prácticos en estar despiertos a la sorpresa y atentos a la oportunidad que se nos presenta, espontáneamente estamos alerta en  nuestra respuesta, especialmente cuando se nos ofrece una oportunidad de disfrutar algo. Cuando una repentina llovizna no es más un inconveniente, sino un regalo sorpresa. Usted espontáneamente pasara a tener la oportunidad de disfrutarla. Usted la disfrutara tanto como en aquellos días en el jardín de infantes, aunque ya no estés tratando atrapar las gotas de lluvia abriendo tu boca de par en par. Solamente cuando la oportunidad te demande más que un placer espontáneo, tendrás que darte un empujoncito extra como parte del paso III.

EL PROCESO DE REVER

Me ayuda a rever mi propia práctica de la gratitud aplicando estos tres pasos,  la regla que aprendí cuando era chico y que usaba cuando iba a cruzar una calle. “Para, mira, anda” Antes de acostarme miro hacia atrás en mi día y me pregunto “¿Me detuve y permití ser sorprendido? ¿O camine aturdido y a desgano? ¿Estuve demasiado ocupado, para despertarme frente a la sorpresa? ¿O  permití que las circunstancias me distrajeran de poder ver el obsequio dentro del regalo? (esto tiende a suceder cuando los envoltorios de los regalos no son atractivos) Y finalmente ¿estuve suficientemente alerta para continuar, para aprovechar totalmente la oportunidad que se me ofrece?

Hay veces, debo admitir que cuando a la noche me detengo para repasar mi día parece ser la primera parada de un  tren expreso. Cuando miro hacia  atrás y me doy cuenta con tristeza cuanto perdí. No solo estuve menos agradecido en esos días de no detenerme, sino que estuve menos activo, algo lento. Otros días podrán ser igualmente activos pero me acuerdo de detenerme; en esos días consigo hacer más, ya que el parar rompe la rutina. Pero si no observo, el detenerme solamente no hará que mi día sea realmente feliz, ¿Cuál es la diferencia de no estar en un tren expreso sino en uno local, si no estoy atento a observar el paisaje? Algunos días me doy cuenta en mi repaso nocturno que pare y mire pero sin estar alerta. Tan solo ayer encontré en la vereda una enorme polilla, me detuve lo suficiente para colocarla en un lugar seguro sobre el pasto tan solo a treinta centímetros de distancia, pero no me agache para pasar un momento con esta maravillosa criatura. Solo tenuemente, me acordaba a la noche de esos ojos iridiscentes sobre las alas marrones grisáceas. Mi día decreció por este descuido de no permanecer suficiente tiempo con este obsequio sorpresa, para observarlo profundamente y degustar agradecidamente su hermosura.

Mi receta simple para un día feliz es esta: para, despierta, mira y está atento a lo que ves y luego continúa con toda la alerta que puedas juntar, para la oportunidad que el momento ofrece. Mira hacia atrás, al anochecer de un día en el cual repetiste estos tres pasos varias veces, ¡es como mirar a una huerta repleta de frutas!

Esta receta para vivir agradecido suena simple porque  lo es. Pero simple no significa fácil. Algunas de las cosas más simples son difíciles, porque hemos perdido nuestra simplicidad infantil, y aun no hemos encontrado la de nuestra madurez. Crecer en gratitud es crecer en madurez. Crecer es desde luego un proceso orgánico. Así volvemos a lo que dije al principio, superponer al flujo orgánico de la gratitud, una grilla, como una  serie de” pasos” seguirá siendo arbitraria.  Cuando estoy agradecido, no estoy ni precipitándome, ni pasando el día cabizbajo – estoy bailando. Lo que es verdad en la clase de danza, es verdad aquí también. Solamente cuando dejas de pensar en tus pasos, tu verdaderamente bailas.

Este ensayo apareció por primera vez en Beliefnet, Verano de 2001.

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