Maltrato en el jardín de infantes: Crueldad vs. Compasión.

maltrato jardin san isidroLa semana pasada tomó notoriedad la noticia del descubrimiento que hizo un padre acerca  del maltrato de niños por parte de una maestra. Pudimos ver insultos, pintadas en las paredes, enojos, policías entrando en la institución a los golpes y una forma de tratar el problema por parte de los medios masivos de comunicación que -no me extraña porque siempre hacen lo mismo- redujo la causa del problema a la maldad de una o de varias maestras, a la vez que se vendieron más diarios y  más publicidad en un verano ávido de noticias.

Creo comprender las reacciones de las personas afectadas por los hechos, personalmente me sentí indignada e impotente mientras mi estómago parecía estar dado vuelta, como sé que les ocurrió a muchos de ustedes.
La primera preocupación  la siento por los niños, me pregunto cuánto podrán superar estos hechos, sobre todo aquellos que transitan su primer año de vida. Luego sus familias, luego todos nosotros…o mejor dicho, sin un orden preestablecido, me duele que pasen estas cosas, me duele ¡POR TODOS!, porque este es un problema que nos atañe a todos. En el estado de cosas en el que estamos, ya está siendo hora de entender que lo que sufren los demás lo sufrimos todos. Entonces, esta no es una situación excepcional, yo sólo la elijo para expresar conceptos, pero lamentablemente, no constituye un hecho aislado.
Ahora, en un segundo paso, intento hacer otra cosa con mi dolor, ya que de nada sirve seguir dando rienda suelta a las emociones difíciles. Van aquí unas reflexiones, espero poder aportar algo a la situación.

Estamos frente a un hecho de CRUELDAD, con todas las letras y “crueldad” quiere decir indiferencia o satisfacción por el sufrimiento ajeno y causar dolor o sufrimiento, deliberadamente. Antes de sacar conclusiones apresuradas, bueno sería que cada quién se pregunte si a lo largo de toda su vida no ha ejercido algún tipo de crueldad y si los crueles son siempre los demás, los “villanos de turno”. Personalmente no me incluyan en la lista de gente inmaculada, porque no lo soy. Quiero decir con esto que este es un tema muy necesario de aceptar y debatir, nadie está exento de albergar oscuridad y sombra, no neguemos y convengamos que la crueldad ¡es humana!.

Joan Goodall, (www.janegoodall.org) es una naturalista, activista y primatóloga inglesa que ha dedicado su vida al estudio del comportamiento de los chimpancés en África y a educar y promover estilos de vida más sostenibles en todo el planeta, dice lo siguiente:
“La compasión se basa en el deseo de aliviar el sufrimiento, el comportamiento pro-social y el amor bondadoso entonces, es la antítesis de la crueldad…No obstante algunos patrones agresivos de los chimpancés son notablemente similares a algunos de los nuestros, la comprensión del sufrimiento que le causan a sus víctimas es muy diferente del nuestro. Los chimpancés, son capaces de sentir empatía, de comprender al menos en cierta medida los deseos y necesidades de sus compañeros. Pero sólo los humanos, creo que son capaces de la crueldad deliberada de actuar con la intención de causar dolor y el sufrimiento.”

De hecho, la posibilidad que tenemos de conocer el hecho de que otros sufren, y además poder saber qué puede intensificar o detener el sufrimiento, da sentido a los conceptos de “compasión” y  “crueldad”.
Aquí, por lo tanto, vamos a contrastar la compasión con la crueldad, con especial atención a cómo ambas surgen de una compleja, no reduccionista interacción de factores innatos, psicosociales y ecológicos. La crueldad y la compasión son la antítesis una de la otra.

La empatía (capacidad para sentir lo que siente el otro) más la compasión (además hacer algo para aliviar su sufrimiento) tienen sus raíces en una “mentalidad de cuidar” de “dar seguridad” a otro para que se desarrolle, y comienza en los vínculos primarios, por ej. mamá-bebé.  Cuando esos vínculos no han sido lo suficientemente proveedores de cuidado y amor, la etapa se convierte claramente en el punto en el que comienza el sufrimiento humano. Quienes no han sido lo suficientemente proveídos de cuidados quedan en un estado de propensión al maltrato, tanto en la inclinación a sufrirlo como de hacérselo padecer a los demás. A medida que la mente humana se hizo cada vez más compleja, nuestras fantasías ¡tantas veces maravillosas! nos han llevado a ejercer niveles de crueldad inconmensurables e ilimitadamente creativos.

La compasión por lo tanto surge de interacciones complejas de genes que guían la construcción de fisiologías, y fisiologías que se forman a través de la experiencia, a través de los contextos sociales que forman las identidades y roles que las personas juegan en la interacción con los demás y consigo mismas. El cuidado compasivo es la actitud que podemos usar para construir formas de relacionarnos con todos los seres sintientes. La crueldad, la indiferencia, o el placer de ver sufrir a los demás, es un desvío de esta mentalidad . La compasión y la crueldad son entonces estrategias que operan a través de varios subsistemas en nuestro cerebro, desde los que sentimos y razonamos, por lo tanto, como humanos pensantes, debemos aprender a estimular la una o la otra.

A la luz de estos hechos podemos encontrar dos modos de enocar el problema de la crueldad: 1) Podemos definir una serie de actos intencionales, nocivos como si fueran “EL MAL”, pero el mal es emitir un juicio que no explica nada y que no presenta salidas y soluciones: “Fulanito/a es malo/a” ;  2)Podemos hacer uso de nuestras elevadas habilidades cognitivas ya que éstas nos permiten ir atrás, reflexionar, y entender la naturaleza y consecuencias de nuestras acciones sociales. Cuanto más aprendamos sobre la naturaleza de nuestras mentes y sobre cómo actuar de maneras cada vez más empática compasivamente, cuanto mayor sea la cantidad de herramientas con las que contemos para afrontar el lado oscuro de nuestras mentes, lado que también nos llevó a donde estamos, tendremos más posibilidades de evolucionar.
Si tomamos el rumbo propuesto en la segunda alternativa, nos veremos conducidos a asumir nuestra naturaleza, a trabajar día a día, a madurar, a no pelear entre nosotros como sin nosotros mismos fuéramos niños de jardín, a no esperar que políticos salvadores nos ayuden a vencer en la batalla contra el mal (que siempre está afuera…por supuesto…), y a vivir el cambio comenzando por nosotros mismos.
Somos nosotros, y no dioses externos o males, los que permitimos al demonio a acechar la tierra, la evolución nos ha dado mentes que son capaces de entender esto, ahora depende de nosotros.

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