Práctica para este domingo: tomarnos un tiempo para estar en silencio.

 el silencio del domingo
Que para muchos el silencio y la soledad son un verdadero placer, no hay duda, pero daría la impresión que son más las personas que temen permanecer en estos estados.
Muchas personas quieren pero no pueden meditar porque los aterra contactarse profundamente con sus emociones difíciles, con su propia mente súper poblada con pensamientos agitados y confusos.
A ellos suele darles menos miedo tal vez en mayor medida una calle atestada de personas y autos, que quedarse apenas unos instantes consigo mismos. Es comprensible, cuando nos sentimos agitados o ansiosos, el quedarnos en silencio hace que empeore la situación, punto en el que abandonamos. ¿Y si por este domingo hacemos la experiencia de superar la barrera de las emociones difíciles y nos quedamos en silencio?. Si lo hacemos, veremos como todo pasa y nada hará que nos derrumbemos, tal vez, del otro lado de las aguas turbulentas de nuestro sentir, exista un lugar en el que reside la belleza.
Podríamos decir que hoy se vive así, en medio del ruido y del sobre estímulo de comunicación innecesaria, que este es el estilo de vida moderno y por lo tanto, el más conveniente y que de nada sirve luchar contra los “avances” de la tecnología y el barullo insipiente ya que la situación ya está dada de esta forma y no se podrá volver atrás. No estoy tan segura de esto, muy por el contrario, creo que vale la pena revertir en nosotros este ritmo de locura y ruido que está instalado en casi todo el mundo contemporáneo.
Cultivemos el silencio ya que éste es el acceso del santuario interior, al espacio en el que mora la verdad del corazón. Sin silencio no podemos llegar allí a donde habita todo lo que necesitamos saber. El silencio nos conduce amablemente al lugar en el que la vida se desarrolla auténticamente, más allá de nuestra rumiante actividad intelectual y de la cháchara interna cotidiana.
El verdadero silencio interior  nos conecta  con la sabiduría innata, aquella que olvidamos apenas empezamos a vivir.
En el silencio mora lo inexpresable, lo que trasciende las meras palabras -pobres traducciones de lo que realmente queremos decir.
El silencio interior puede abrirnos el paso a aquellos misterios universales, a lo que es primordial, al  espacio que nos permite acceder allí pasando por alto todas las verdades infundadas y falsas que nos han inculcado. Vale la pena probar el silencio hasta lograrlo.
La naturaleza nos abre los brazos para ayudarnos a estar en silencio: qué mejor que un bosque, una montaña, un desierto. Pero si no tenemos naturaleza cerca, podemos tratar de quedarnos en silencio y a solas aunque sólo sea en un cuarto, en nuestro propio jardín, sentados en algún banco de una plaza tranquila a mirar el cielo, abrir los “oídos internos” y animarnos a escuchar el agradable sonido del silencio como contraste de los demás sonidos.
Para disfrutar de la dulzura contemplativa, Lama Surya Dass expresa bellamente lo siguiente:
Deténgase.
Quédese inmóvil.
Permanezca en silencio.
Los meditadores deben ser vistos,
no oídos.
Sshhh.
Inmovilice
todos los sentidos.
Deje que todo sea.
Abandone todo y permita que todo
llegue hasta usted.
Relájese.
Ser es algo interno;
hacer es algo externo.
No haga nada.
Durante  un momento
sea únicamente.
El silencio
es
de oro.
Disfrútelo.
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