Convertir la envidia en algo útil

heladoSi hay algún color que pueda definir a la envidia, éste es el negro. Si hay algún espacio en el que nos habita, éste es el de las profundidades del alma. Si hay algún lugar del cuerpo en el que se pueda ubicar, éste es exactamente en el nudo que se nos hace en la garganta o en la bilis que se destila en el hígado.

Si nos suponemos buenas personas, los sentimientos desagradables nos asaltarán de manera imprevista cuando sintamos envidia, y si nos consideramos maduros, en un segundo nos sentiremos los seres más infantiles del mundo.

Guardamos los sentimientos y las fantasías que nos promueven la envidia en el sótano de nuestros corazones debido a lo mucho que nos cuesta admitir que sentimos “feo”, que sentimos lo mismo que las brujas de los cuentos, que somos también lo prohibido y lo oscuro, que lo que pensamos es a veces tan desagradable que necesita ser “purgado”.

Algo en nosotros quiere lo que otros tienen mientras en simultáneo detesta lo propio e incluso en ocasiones desea que el otro pierda lo que tiene o deje de ser tan maravilloso como nosotros pensamos que es. Algunas veces la envidia es tan potente que llegamos a desear que algo malo le sucede a la persona envidiada, una cuota de algo que parece alegría por el sufrimiento del otro nace en nosotros y luego nos termina avergonzando.

La envidia es tan importante en nosotros que tiene un lugar en la lista de los Siete Pecados Capitales. Su poder es tan destructivo que ocupa la primera fila en el juego de nuestras vidas emocionales y vinculares. Inspira grandemente las fantasías de los escritores y cineastas y ni qué decir de lo mucho que tiñe los relatos de los pacientes en la consulta psicológica – esto en el caso de algunos valientes pacientes que osan confesarla.

Desde el punto de vista de nuestro funcionamiento emocional, cuando se dispara la envidia en nuestro cuerpo, suele ser una de las emociones más difíciles de controlar ya que no sólo la sentimos sino que, además, el sentirnos mal por sentirla nos hace sentir peor.

Pero veamos otras posibilidades para esta difícil y detestada emoción. La envidia es como una semilla que contiene en germen una información que aún puede ser modificada hasta un punto en el que fruto puede ser luego bien distinto de lo que esperábamos. Antes de tirar la semilla a la basura, veamos si podemos rescatarla.

Un buen aspecto de todas nuestras intensas, incómodas y detestadas emociones es que pueden darnos indicios de cosas que tenemos que revisar, nos dicen de una manera desagradable que algo en nosotros anda mal y necesita ser modificado. La envidia puede ser un mensaje que podemos descifrar en pos de nuestra maduración psicológica.

La envidia nos dice mucho acerca de nuestros deseos debido a que tendemos a sentir envidia en los planos que consideramos apreciables. Si observamos con atención qué o quién nos despierta envidia, tendremos datos acerca de lo que necesitamos, de nuestros sueños no alcanzados, de lo que sentimos que no somos pero necesitamos ser. Si observamos de cerca los objetos de nuestra envidia, luego podremos optar por conseguir lo que envidiamos o, si esto no es posible, pasar a otra cosa que sí podemos obtener. Por supuesto que no todos los deseos que sentimos son saludables o posibles, pero vale la pena mirar para descubrir qué debemos seguir anhelando y qué es necesario dejar atrás, qué objetivos debemos seguir persiguiendo y de cuáles nos tenemos que desapegar para liberarnos del peso de la irrealidad.

¿Y sobre los aspectos en los que no nos sentimos a la altura de alguien? La envidia nos recuerda que no somos tan inteligentes, exitosos o atractivos como nos gustaría ser. Puede ser desagradable admitir nuestras limitaciones pero aceptar esto nos puede ayudar a desarrollar nuevas capacidad o a valorar las que no hemos apreciado.

Sentir envidia nos desconecta de los demás, daña las relaciones, nos pone en contra de los otros, alimentando fantasías de idealización de los otros, con el consecuente resentimiento. Puede llevarnos a arremeter con palabras o acciones hirientes y a fomentar el chisme y la competencia. En lugar de seguir este camino es posible buscar algo que envidiemos de esa persona y centrarnos en algo que podamos aprender de ella. Hay muchas prácticas que nos pueden ayudar en el caso que decidamos confesarnos a nosotros mismos que lo que estamos sintiendo es envidia por la otra persona.

Sin lugar a dudas la envidia es un aspecto velado de la naturaleza humana, pero si logramos verla como una señal de problemas más profundos que necesitan atención – un sueño incumplido, una zona de limitación, o una relación rota – podríamos ser capaces de encontrar una luz en lo que se muestra tan oscuro.

© Fanny Libertun
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