El dolor de otros

“A menudo lo más amoroso que podemos hacer cuando un amigo está sintiendo dolor es compartir el dolor – es estar allí incluso cuando no tenemos nada que ofrecer excepto nuestra presencia y aún cuando sea doloroso para nosotros.”
-M. Scott Peck

el dolor de otrosSuelo ver personas que prácticamente se agotan en el intento de hacer algo por sus seres queridos en el momento en el que los ven sufriendo.

Sin lugar a dudas que el dolor es un tema a resolver para todo ser humano, pero cuando éste es el de otros, la situación implica cuestiones un tanto distintas a cuando se trata del propio.

Algunos se desconciertan porque piensan que hay alguna fórmula para responder a la situación y piensan que ellos no la están encontrando. Este es un gran error, no hay en el mundo dos personas que atraviesen el dolor de manera similar, no hay ni siquiera dos dolores que sean idénticos, cada situación, por más que nos pese tener que volver a pensar todo otra vez, nos implicará un desafío.

Cuando el dolor de otros y la falta de respuesta a él nos desubica, tendemos a confundirnos tanto que en lugar de hacerles bien nos ponemos mal “detrás de ellos”, ahora no será uno solo el que sufre, sino dos que estarán desesperados. ¿Cuántas veces puede ayudar a otro tan sólo una sonrisa que no pueden generarse? ¿cuánto sirve a veces ver que aún hay una salida para el oscuro camino?. Es una necesidad mantenernos “plantados” cuando otros están sufriendo, sin que esto implique reprimir nuestras emociones ni sobre-cargarnos.

Algunas veces tanta resonancia con el sufrimiento de los demás resulta intolerable e impide discernir en qué punto el dolor es propio o pertenece al otro ser. El dolor causado por la vida, por nuestra ignorancia, por nuestros errores repetidos y por nuestro desconocimiento nos pertenece. ¿Acaso es posible comer por otros, gozar por otros, aprender por otros?

El tiempo invertido en nuestras vidas, será tiempo disfrutado y aprovechado por los otros, pero el tiempo que perdamos sacrificándonos por otros, será un tiempo perdido para todos.

© Fanny Libertun
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