Asistir a los demás desde la compasión

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No podemos servir a la distancia.Quizás sólo podamos servir verdaderamente a quienes estamos dispuestos a tocar, no sólo con nuestras manos, sino con el corazón y hasta con el alma. El “profesionalismo” ha embebido al servicio de un sentido diferenciador, y de una cierta distancia.

Pero en el nivel más profundo, el servicio es una experiencia de pertenencia, una experiencia de conexión con los demás y con el mundo que nos rodea. Es esta conexión la que nos da el poder para bendecir la vida de los demás. Sin ella, la vida en ellos no nos reflejaría a nosotros.

Servir no es lo mismo que ayudar. La ayuda genera una deuda. Pero servir, así como curar, es algo mutuo.

Servir tampoco es lo mismo que brindar tratamiento porque de esa forma existe una distancia entre nosotros y la persona a la que tratamos.

Brindar tratamiento es una forma de criterio o juicio. Todo criterio genera una distancia, una desconexión, una sensación de diferencia.

Si ayudar es una experiencia de fortaleza, brindar tratamiento es una práctica de dominio y conocimiento.
Por otra parte, el servicio es una experiencia de entrega y sobrecogimiento.

Estamos al servicio de la vida, no porque esté quebrantada, sino porque es sagrada.

-Rachel Naomi Remen

© Fanny Libertun
http://www.psicologiadelacompasion.org/
http://www.facebook.com/zonatranspersonal
https://vivosydespiertos.wordpress.com/

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2 respuestas a Asistir a los demás desde la compasión

  1. Traduje el artículo completo…

    Material traducido del Inglés por Tahíta ,desde la Web Shambhala Sun

    “Tratar y ayudar crean una distancia entre las personas, pero no podemos servir a distancia. Nosotros podemos servir solo a quien estamos conectados profundamente.”

    Ayudar, tratar y servir representan tres maneras diferentes de ver la vida. Cuando ayudas, ves la vida como frágil. Cuando restauras la salud a alguien, ves la vida como quebrantada. Al servir, ves la vida en su conjunto. Restaurar y ayudar pueden ser el trabajo del ego, el servicio es obra del alma.

    El servicio se basa en la premisa de que la naturaleza de la vida es sagrada, que la vida es un misterio sagrado que tiene un propósito desconocido. Cuando servimos, sabemos que pertenecemos a la vida y a ese propósito. Desde la perspectiva de servicio, todos estamos conectados: Todo sufrimiento es como mi sufrimiento y toda la alegría es como mi alegría. El impulso para servir surge naturalmente e inevitablemente de esta consideración.

    Servir es diferente de ayudar. Ayudar no es una relación entre iguales. Un ayudante puede ver a los demás como más débiles de lo que son, más necesitados de lo que son, y las personas, a menudo sienten esta desigualdad. El peligro en la ayuda es que podemos inadvertidamente quitar a la gente más de lo que jamás podríamos darles; podemos disminuir su autoestima, su sentido de valor, integridad o incluso de totalidad.

    Cuando ayudamos, nos damos cuenta de nuestra propia fuerza. Pero cuando servimos, no lo hacemos con nuestra fuerza; servimos desde nosotros mismos, saliéndonos de todas nuestras experiencias. Nuestras limitaciones sirven; nuestras heridas sirven, incluso nuestra oscuridad puede servir. Mi dolor es la fuente de mi compasión, mi herida es la clave de mi empatía.

    Servir nos hace conscientes de nuestra parte en el Todo y de su poder. El Todo en nosotros sirve al Todo en los demás y en la vida. La totalidad en ti es lo mismo que la totalidad de mí. El servicio es una relación entre iguales: nuestro servicio nos fortalece a nosotros, así como fortalece los demás. La restauración y la ayuda se agotan con el tiempo, y hasta se apagan, en cambio el servicio se renueva. Cuando servimos, nuestro propio trabajo nos renovará. Al ayudar, encontramos un sentido de satisfacción, en el servicio encontramos un sentido de gratitud.

    Harry, un paramédico, cuenta una historia sobre el descubrimiento de este sentido. Una noche, en su turno en la sala de emergencias, una mujer fue traída a punto de dar a luz. Cuando él la examinó, se dio cuenta de inmediato de que su ginecólogo no llegaría a tiempo y que iba a recibir al bebé él mismo.. El equipo entró en acción, una enfermera abrió a toda prisa los paquetes de instrumentos y otras dos de pie a los pies de la camilla a cada lado de Harry, apoyaron las piernas la mujer en sus hombros y le trasmitieron tranquilidad. La bebé nació casi de inmediato.

    Mientras la bebé estaba todavía unida a su madre, Harry la puso sobre su antebrazo izquierdo. Sujetando la parte de atrás de su cabeza en su mano izquierda, tomó una pera de succión con la derecha y comenzó a limpiar mucosidad de la boca y la nariz De repente, la bebé abrió los ojos y lo miró a los ojos. En ese instante, Harry pasó por sobre todo su entrenamiento y se dio cuenta de una cosa muy simple: que él era el primer ser humano que esta niña había visto en su vida. Sintió que su corazón se abría dándole la bienvenida, y las lágrimas llenaron sus ojos.

    Harry ha recibido a cientos de bebés, y siempre ha disfrutado de la emoción de la toma de decisiones rápidas y de probar su propia capacidad. Pero él dice que nunca se había permitido experimentar el significado de lo que estaba haciendo con su experiencia. En ese fogonazo de comprensión sintió que años de cinismo y fatiga habían desaparecido y recordó por qué, principalmente, había elegido ese trabajo. Todo su duro trabajo y el sacrificio personal de pronto parecían valer la pena.

    Siente ahora que, en cierto sentido, este fue el primer bebé al que ayudó a nacer. En el pasado había estado preocupado por su experiencia, evaluando y respondiendo a las necesidades y peligros. Había estado allí muchas veces como un experto, pero nunca antes como un ser humano. Se pregunta cuántos otros momentos de conexión con la vida ha perdido. Sospecha que muchos.

    Harry descubrió que servir es diferente de restaurar. En la restauración vemos a los demás como dañados, y respondemos a esta percepción con nuestra experiencia. Los restauradores de la salud confían en su propia experiencia, pero no pueden ver la totalidad de la otra persona o confiar en la totalidad de la vida en ellos. Cuando servimos vemos y confiamos en la totalidad. Nosotros respondemos a ella y colaboramos con ella. Y cuando vemos la totalidad en los otros, nos fortalecemos. Ellos pueden verla en sí mismos, tal vez por primera vez.

    Una mujer que me sirvió desde su profundidad, probablemente no sea consciente de la diferencia que hizo en mi vida. De hecho, yo ni siquiera sé su apellido y estoy segura de que ella hace tiempo me ha olvidado.

    A los veintinueve años, a causa de la enfermedad de Crohn s, gran parte de mi intestino se eliminó quirúrgicamente y me quedé con una ileostomía. Una parte de intestino abierto en mi abdomen y un aparato de plástico ingeniosamente diseñado que he de quitar y reemplazar cada pocos días lo cubre. No es una cosa fácil de vivir para una mujer joven, y no estaba muy segura de que fuera a ser capaz de soportarlo. Si bien esta cirugía me había devuelto gran parte de mi vitalidad, el aparato y el profundo cambio en mi cuerpo me hicieron sentir irremediablemente diferente, permanentemente fuera del mundo de la feminidad y la elegancia.

    Al principio, antes de que pudiera cambiar el aparato por mí misma, lo cambiaban especialistas en enfermería. Estos expertos de bata blanca eran mujeres de mi edad. Entraban en mi habitación de hospital, se ponían un delantal, una máscara y guantes, y luego retiraban y reemplazaban mi aparato. La tarea estaba completada, al quitarse toda su ropa de protección. Luego iban a lavarse cuidadosamente las manos. Este ritual elaborado hizo lo más difícil para mí. Me sentía avergonzada.

    Un día, una mujer que nunca había visto antes, llegó a realizar esta tarea. Era tarde y ella estaba vestida no con una bata blanca, sino con un vestido de seda, zapatos de tacón y medias. Parecía como si estuviera a punto de conocer a alguien en una cena. De una manera amistosa me dijo su nombre y me preguntó si quería que me cambiara mi ileostomía Cuando asentí, ella, de la manera más simple y natural que se puedan imaginar, eliminó el viejo aparto y lo reemplazó, sin ponerse los guantes. Recuerdo haber visto sus manos. Las había lavado cuidadosamente antes de tocarme. Eran suaves y muy bien cuidadas. Llevaba un esmalte de uñas de color rosa pálido y sus delicados anillos eran de oro.

    Al principio, me quedé atónita por esta ruptura del procedimiento profesional. Pero mientras reía y hablaba conmigo de la forma más normal y fácil, de repente sentí una gran ola de fuerza insospechada venida de algún lugar profundo en mí, y supe, sin la menor duda de que yo podría soportar todo esto. Pude encontrar el modo. Iba a estar bien.

    Dudo que alguna vez supiera lo que su disposición a tocarme de manera natural, significó para mí. En diez minutos, no sólo atendió mi cuerpo, sino que sanó mis heridas. Lo que es más profesional no siempre es lo que mejor sirve y refuerza la totalidad en los demás. Restaurar y ayudar crean una distancia entre las personas, una experiencia de la diferenciación. No podemos servir a distancia. Sólo podemos servir a a aquel con el que estamos conectados profundamente, al que estamos dispuestos a tocar. Restaurar y ayudar son estrategias de separación de la vida. Servimos a la vida, no porque se haya dañado, sino porque es santa.

    Servir, nos obliga a saber que nuestra humanidad es más poderosa que nuestra experiencia. En cuarenta y cinco años de enfermedad crónica que he sido ayudada por un gran número de personas, y reparada por un gran número de otras tantas que no reconocieron mi totalidad. Todos los que me ayudaron y repararon me dejaron heridas en algunos aspectos importantes y fundamentales. Sólo el servicio cura.

    El servicio no es una experiencia de fuerza o capacidad. El servicio es una experiencia de misterio, de rendición. Ayudantes y restauradores (médicos, enfermeras, etc) creen que ellos son la causa. Los servidores pueden sentir muchas veces la sensación de ser utilizados por fuerzas desconocidas de mayor embergadura. Aquellos que sirven han cambiado su sentido de misterio, por una experiencia misteriosa, y al hacerlo, han transformado su trabajo y su vida en práctica. Práctica de servicio.

    Rachel Naomi Remen

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